La gran obra sacra del autor alemán en una exquisita versión de la orquesta de Dresde y la batuta de su director titular.

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Ludwig van Beethoven (1770-1829), el compositor nacido en Bonn, es uno de los grandes genios en la historia de la música. Sus primeros logros como compositor e intérprete muestran una extensión de la tradición clásica vienesa que había heredado de compositores como Wolfgang Amadeus Mozart y Franz Joseph Haydn. Su atormentada vida, tanto en su el terreno de la salud –con una sordera que le acarreó serios problemas–, como en el de las relaciones interpersonales se representaba en su creación, y su figura se alzó más grande, si cabe, gracias a su capacidad para plasmar todo su mundo interior en su magnífica obra. Comenzó a componer en un estilo musical cada vez más individual, creando al final de su vida sus obras más sublimes y profundas. Su gran éxito reside quizá en la combinación de la tradición con la exploración y la expresión personal, llegando a ser considerado como la figura musical dominante del siglo XIX. Por el respeto que a sus obras han demostrado prácticamente la totalidad de compositores de primer nivel, así como por la popularidad que sus obras han tenido entre el gran público y los mejores intérpretes, es sin duda alguna, junto a Johann Sebastian Bach y Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor más admirado en la historia de la música occidental.

La Missa solemnis en Re mayor Op. 123 fue compuesta entre 1819 y 1823, casi a la par que su Novena sinfonía. Se trata de su segundo arreglo de misa tras la Misa en do mayor Op. 86. Es considerada actualmente como uno de sus mayores logros, y supone, junto a la Misa en Si menor de Bach y la Misa de la Coronación de Mozart, el ejemplo más elaborado y fantástico dentro del género. El director Wilhelm Furtwängler se negó a interpretar la obra al considerarse incapaz de obtener un resultado que hiciera justicia al mensaje y a la grandeza de la que consideraba su mejor obra. La misa fue concebida para la investidura como arzobispo de Olomouc del Archiduque Rudolf de Austria, un alumno excepcionalmente aplicado de Beethoven en composición y piano. Beethoven comenzó a componer su Missa Solemnis en 1818, cuando su sordera era casi total y su soledad cada vez mayor, sin duda una época en la que el compositor alemán se ve absorbido en las profundidades y abismos de su interior. No extraña que la obra deje a un lado el concepto de música absoluta para convertirse en un vehículo que exprese todo el universo de las expresiones humanas. Aunque iba ser estrenada el 9 de marzo de 1820, no fue terminada a tiempo, por lo que finalmente se estrenó el 7 de mayo de 1824 en San Petersburgo, con una ejecución parcial junto con la Novena. La versión definitiva no se interpretó completa hasta 1830, tras su muerte.

No es una obra muy interpretada en directo ya que su dificultad para los cantantes del coro es muy alta, por lo que algunos han argumentado que pone de manifiesto su desconocimiento a la hora de componer para coro, con registros tremendamente extremos y líneas que estira casi hasta la extenuación vocal. En su época se llegó a afirmar que la misa exhibía sonidos herejes y no aptos para una misa. Otros, por el contrario, defienden que las limitaciones de la voz humana no podían retener el talento creativo del autor alemán. La misa realmente alcanza momentos nunca antes ideados para una misa y abraza sonidos verdaderamente potentes y fascinantes. La producción de música sacra de Beethoven no es muy extensa, siendo sus obras más recordadas el oratorio Cristo en el monte de los olivos (1803) y la Misa en do mayor Op. 86 (1807). Es por eso que esta última, que es la primera obra simultáneamente sinfónica y coral del compositor alemán, supone el punto culminante en su carrera como compositor coral y sacro.

Sinopsis:

Acompáñennos a disfrutar de una velada inolvidable. No todos los días se puede ver y escuchar una obra del calibre de la Missa Solemnis de Ludwig van Beethoven, y menos en una interpretación de tal magnitud. Un cuarteto de lujo ha sido seleccionado para la ocasión, formado por Krassimira Stoyanova, Elīna Garanča, Michael Schade, Franz-Josef Selig, a los que arropan el Coro de la Ópera Estatal de Dresden y la Orquesta Estatal de Dresden, todo bajo la sabia dirección de Christian Thielemann.