La joven orquesta francesa presenta una de las grandes obras de este desconocido, pero talentoso compositor alemán.
Josef Suk (1874-1935) es un compositor y violinsta checo bastante desconocido y muy poco interpretado actualmente. Aprendió piano, el violín y órgano con su padre, Josef Suk (1827-1913), maestro de escuela y maestro de capilla en el pueblo bohemio de Křečovice. En 1885 ingresó en el Conservatorio de Praga, donde estudió violín con Bennewitz, teoría de la música con Foerster, Knittl y Stecker, y a partir de 1888 música de cámara con Wihan. Comenzó a componer de manera seria en su tercer año de conservatorio, y ya en 1891 se graduó con el estreno de su Op.1, Cuarteto para piano en La menor. Permaneció un año más en el conservatorio formándose especialmente en música de cámara con Wihan, además de composición nada menos que con Antonin Dvořák, que se había unido al profesorado en enero de 1891. Gracias a Wihan, Suk entra como segundo violín en el ensemble que en 1892 llegó a ser conocido como el Cuarteto Checo; su primer concierto en Viena (1893) tuvo la aprobación de Brahms y Hanslick e inauguró una distinguida carrera internacional durante la cual ofreció más de 4.000 conciertos hasta el retiro de Suk en 1933. Suk se graduó en el conservatorio en 1892 con su Op. 4 Dramatická Ouvertura. Fue el alumno predilecto del propio Dvořák y en 1898 se casó con su hija Otilka. El editor Simrock había publicado su Serenata para cuerda Op.6 (1892) en 1896 gracias a la recomendación de Brahms. Al cambio de siglo Suk fue considerado, junto con Novák, como el principal compositor de la escuela checa moderna. En 1922 fue nombrado profesor de composición para las clases avanzadas del Conservatorio de Praga, donde enseñó e influyó a 35 compositores, incluyendo a los checos Bořkovec, Ježek, Hlobil, Martinů, Reiner, Vackar, pero también a varios eslovenos, croatas, serbios y polacos. Durante sus cuatro períodos como rector (1924-6, 1933-5) trabajó con energía para elevar el nivel de conservatorio. Fue nombrado miembro extraordinario (1901) y ordinario (1913) de la Academia Checa de Ciencias y en 1933 fue galardonado con un doctorado honorario por la Universidad de Brno.
A diferencia de sus contemporáneos checos Janáček o Novak, Suk no extrae apenas casi ningún estímulo de la música popular y muy poco a partir de fuentes literarias. Julius Zeyer fue la única influencia literaria importante en su carrera, lo que se observa en su Radúz y Mahulena, música incidental en la que hay referencias legendarias al mundo eslavo y todo un mensaje de verdad: el amor valiente y los valores morales bien definidos, que articulan gran parte de la perspectiva de vida de un joven Suk. Un estilo soñador, algo triste y un estado de ánimo introspectivo se observan a través de gran parte de la música arcaizante de Suk, en un primer momento quizá como un pesimismo fin-de-siècle, pero que rápidamente adquirirá una dirección específicamente eslava que se caracteriza en la música para obras como Dumka. Por otra parte, su música orquestal tardía se vuelve realmente complicada: su armonía, originalmente de corte sensualmente romántico, con afición por los acordes aumentados, las alteraciones cromáticas, las relaciones «napolitanas» y la ambigüedad tonal producida por pedales frecuentes, se volverá con el tiempo en un interés por explotar el politonalismo más explícito. Fue capaz de hacer que sus últimas obras fueran comprensibles solo gracias a su imaginación auditiva precisa y su excelente artesanía como orquestador, una habilidad en la que se realiza un gran énfasis como maestro.
Su Serenata para cuerda Op. 6 es una obra compuesta en 1862, en Mi mayor, fue promulgada en gran medida por su maestro Dvořák y editada, como vimos, gracias al impulso de Brahms. Es una obra de corte más clásico, que nos traslada a un mundo sonoro de gran belleza.
Sinopsis:
Lo maravilloso de la música clásica es que siempre depara sorpresas: obras y autores absolutamente desconocidos, que muestran lo mejor de sí y que no entendemos cómo podíamos no haber conocido antes. Estamos seguros de que el presente concierto les va a dejar con esa sensación. La joven Orquesta de Cámara Nouvelle Europe, bajo la dirección de su fundador, Nicolas Krauze, les regala un momento muy especial con esta Serenata para cuerda del desconocido Josef Suk.