Descubran la renovada visión del clásico de Bizet de la mano de este autor desconocido ruso, en una velada de auténtica inspiración.
Rodion Konstantinovich Shchedrin (1932) es un compositor ruso, desconocido en general para el gran público, pero muy respetado en su país y valorado por algunas de sus obras. Nacido en una familia de músicos, pues su padre fue compositor y profesor de teoría musical, comenzó sus estudios musicales en la Escuela Coral de Moscú y en el Conservatorio de Moscú donde se graduó en 1955 como alumno de Yuri Shaporin y Nikolái Myaskovski. En 1958 contrajo matrimonio con la conocida bailarina Maya Plisétskaya, lo que influiría poderosamente en la creación de algunas obras para el ballet, como la que aquí nos ocupa. Sus primeras composiciones se caracterizan por su tonalidad, colorida orquestación e incluyen con frecuencia aportes y referencias a la música popular, mientras que algunas de sus creaciones posteriores se acercan a la música aleatoria y al serialismo. En occidente la música de Shchedrin se ha popularizado especialmente gracias al trabajo de Mstislav Rostropóvich y sus exitosos discos. Entre sus composiciones se destacan las de ballet, como El Caballito Jorobado (1955); Anna Karénina (1971) o La dama del perrito (1985), pero también sus óperas, entre las que cabe destacar No sólo por amor (1961), Almas muertas (1976) o Lolita (1994).
Destaca también dentro de la música instrumental, componiendo conciertos para piano, sinfonías, música de cámara y otras obras como una serie de 24 preludios y fugas a la manera de Shostakovich, o tres concierto para orquesta de gran interés, así como música coral y vocal de pequeño formato. Shchedrín ha sido además un virtuoso pianista y organista, habiendo participado en la interpretación de seis de sus conciertos para piano. Incluso llegó a participar en el concierto memorable del 5 de mayo de 1974, en el que fue el solista de tres de sus conciertos para piano. Dicho concierto, acompañado por la Orquesta Filarmónica de la Federación Rusa y la dirección de Evgeny Svetlánov, se grabó y editó, estando disponible en CD en la actualidad. Tras la disolución de la Unión Soviética, aumentó considerablemente su actividad concertística, pasando mucho más tiempo fuera de Rusia, dividiendo su tiempo de residencia entre München y Moscú. Llegó a ser presidente de la Unión de Compositores Rusos entre 1973 y 1990 y en se reconoció su importancia nombrándolo miembro de la Academia de Artes de Berlín en 1898, así como el Premio del Estado Ruso en 1992.
Carmen Suite es un ballet en un acto creado en 1967 por el coreógrafo cubano Alberto Alonso con música de nuestro protagonista. El estreno tuvo lugar el 20 de abril de 1967 en el Teatro Bolshoi de Moscú. La música, tomada de la ópera Carmen de Georges Bizet y dispuesta para cuerdas y percusión, no es un pastiche del siglo XIX, sino más bien «un encuentro creativo entre sus mentes», con melodías de Bizet revestidas en una variedad de frescos colores instrumentales –incluyendo el uso frecuente de la percusión–, ajustadas a nuevos ritmos, recreadas a menudo con una notable muestra de ingenio creativo. Inicialmente prohibido por la jerarquía soviética como «una falta de respeto» a la ópera original, precisamente por estas cualidades, el ballet desde entonces se ha convertido en la obra más conocida de Shchedrin y ha mantenido su popularidad en Occidente. Se compone de trece números de danza, que pasan por ser algunos de los más célebres de la obra original, pero retomados con la visión y el tamiz del autor ruso. El crítico James Sanderson lo definió como «un nueva mirada iconoclasta, pero muy entretenida de la ópera de Bizet.»
Sinopsis:
Si les mencionamos la obra Carmen Suite es muy probable que les lleva a pensar en Bizet. Si les mencionamos el nombre de su autor, Rodion Shchedrin, probablemente no les suene de nada. Descubran con nosotros la música de este precioso ballet creado por el compositor ruso en la segunda mitad del siglo XX, sobre el clásico del maestro francés. La Orquesta de Cámara Nouvelle Europe ofrece como siempre, bajo la batuta de Nicolas Krauze, todo lo mejor de sí en una fantástica interpretación.