Excepcional concierto de apertura de la temporada de la Estatal de Dresden, junto a su director titular y un invitado vocal de excepción.

El presente concierto, siempre especial cuando se trata de la apertura de una temporada, muestra dos maneras de comprender la creación musical bien distintas, en las que el contexto y la mirada del autor sobre la obra resultan absolutamente sustanciales para comprender el resultado final.
Hanns Eisler (1898-1962) es un compositor alemán relativamente poco conocido dentro del panorama de la música clásica. Formado como alumno de Arnold Schönberg, y en ocasiones con Anton Webern, fue miembro de la llamada Segunda Escuela de Viena, que desarrolló de manera importante todos los postulados llevados a escena previamente por sus maestros y Alban Berg. Fue el primero de los alumnos de Schönberg en continuar sus composiciones dentro del dodecafonismo, aunque otra vertiente de su obra posee tintes más populares, cercanos al jazz o el cabaret. Hacia la mitad en adelante su carrera expresó su deseo de poner más en práctica y con éxito su convicción, expresada ya en 1937, de que «en nuestra nueva música uno podría buscar en vano la grandilocuencia, el sentimentalismo y la mística, por lo que es necesario buscar en su lugar frescura, inteligencia, fuerza y elegancia.» Incluso en su última obra, este ciclo de siete canciones Ernste Gesänge para barítono y cuerdas, donde los textos pueden parecer a veces justificar las cualidades indeseables anteriores, Eisler pide al cantante que acerque al oyente al significado de las palabras en lugar de expresarlos. Es quizá por eso que durante toda su vida Eisler sintió la necesidad de proteger a su música de intérpretes criados en los teatros de ópera y salas de conciertos.

Por su parte, Anton Bruckner (1824-1896) es probablemente el gran sinfonista austroalemán desde el gran Beethoven, título ganado merecidamente gracias a obras como esta Sinfonía n.º 5 en Si bemol mayor, compuesta entre 1875 y 1876, aunque posteriormente sufrió algunas revisiones y retoques, en general superficiales, tanto en 1878 como en 1896. Su primera interpretación pública fue en una transcripción para dos pianos, interpretada por Joseph Schalk y Franz Zottmann en abril de 1887, en la Bösendorfersaal vienesa. Posteriormente llegaría la versión orquestal dirigida por Franz Schalk en Graz, el 9 de abril de 1894, a la que Bruckner no pudo asistir por encontrarse enfermo. Lamentablemente nunca pudo escuchar esta sinfonía interpretada por una orquesta. La obra está dedicada a Karl von Stremayr, ministro de educación del Imperio Austrohúngaro. Fue impresa por primera vez en una revisión parcial de Franz Schalk en 1896, que fue la misma que se escuchó en el estreno de la obra. No queda muy claro cuántas de las diferencias entre esta versión y la de 1878 se deben a Bruckner y cuántas a Schalk, pero está generalmente aceptado que la mayor parte de los cambios no fueron aprobados por el autor. Schalk transformó la instrumentación para hacerla sonar más wagneriana, realizando algunos cambios muy significativos en la extensa coda del final, donde añadió platillos y triángulo, así como dobló los instrumentos de metal, con lo que pretendía dar mayor brillo y potencia al pasaje. El auténtico manuscrito final fue finalmente publicado en una edición de 1936 por Robert Haas. Es la versión de 1878 la que se suele interpretarse con asiduidad, de la que existe las ediciones de Robert Haas (publicada en 1935) y Leopold Nowak (1951), que no presentan diferencias significativas entre ellas. La Quinta es el primer éxito incondicional de la madurez de Bruckner, y su colosal último movimiento fue descrito por el director Wilhelm Furtwängler como «el final más majestuoso en toda la literatura orquestal». Se trata, sin duda, de una de las mayores obras maestras de Bruckner, junto con la poderoso Octava y la Novena sin terminar.

Sinopsis:

Una velada fascinante, que mezcla dos autores de contraste: por un lado el ignoto compositor alemán Hanns Eisler, de quien se interpreta su Ernste Gesänge, un ciclo de siete lieder para barítono y orquesta; por otro, Anton Bruckner, el célebre sinfonista austríaco, de quien se interpreta su fantástica Sinfonía n.º 5. Christian Thielemann se pone al frente de la Orquesta Estatal de Dresden, para acompañar la excepcional voz de Thomas Hampson.