La Orquesta Estatal de Berlin, bajo la dirección de su director titular, Daniel Barenboim, continúa con la interpretación de las seis últimas sinfonías del austríaco.

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Las sinfonías de Anton Bruckner (1824-1896) abarcan técnicas compositivas realmente diversas. Desde el punto de vista temático se pueden distinguir dos clases de temas en sus sinfonías: I. los temas claramente definidos en la forma; II. otros temas que operan como motivos cortos y con un acabado más abierto. Otro rasgo definitorio de los temas en las sinfonías de Bruckner es la estrecha relación entre los movimientos inicial y final, siendo habitualmente el primer movimiento donde se enfatiza el contraste temático. Concretamente, la amplificación de la exposición del movimiento de apertura se construye tanto con el tema principal como con dos de los temas subordinados que se desarrollan en ese momento, una técnica exclusivamente bruckneriana. Otras características que encontramos en las sinfonías de Bruckner es el exhaustivo tratamiento del acorde de séptima dominante como acorde de sexta alemana cuando se pasa a una tonalidad nueva, el uso de cadencias como factor predominante en modulaciones de carácter realmente atrevido, el uso de pedales de órgano como pivotes armónicos y estructurales, cadenas de secuencias armónicas, además del uso masivo de motivos de corte rítmico, especialmente el llamado ritmo bruckneriano: dos negras seguidas de un tresillo de negras o viceversa.

Junto a la Cuarta, esta Séptima Sinfonía es probablemente la más interpretada del catálogo del maestro austríaco. Fue estrenada en la Gewandhaus de Leipzig el 30 de diciembre de 1884, con Arthur Nikisch a la batuta. En 1881 Bruckner disfrutaba de gran optimismo y de un ánimo sereno, comenzando la composición de la obra entre agosto y septiembre. La Séptima discurre por un camino formal perfectamente definido, aunque ello no ha evitado que se continúe debatiendo sobre cómo clasificar los grupos temáticos de cada uno de sus movimientos. Desde la perspectiva del oyente estos carecen de relevancia, pues lo esencial es que cada tema que resuena en un momento dado, sea cual sea su función estructural, lo hace con una claridad y una energía maravillosas. Sus cuatro movimientos responden con estricta diligencia al esquema de la sinfonía clásica de corte vienés. Son cuatro piezas monumentales, tanto en duración como en profundidad expresiva. El casi perfecto equilibrio de la obra se alía con la música de factura más avanzada de cuantas se puedan concebir en su catálogo. Bruckner transporta al oyente a un mundo fascinante merced a sus extensas e intensas melodías, repletas de densidad, fluidez y plasticidad. La sencillez y solidez de las estructuras resulta apabullante, mientras que la brillantez y espesura de las sonoridades nunca deja de sorprender. Hermann Levy, gran director wagneriano y Generalmusikdirektor en Münich escribió al respecto de la obra el 30 de abril de 1884: «a todos los músicos que acuden a mí les hago oír el Adagio y, aun con las limitaciones de una versión al piano, observo en cada uno de ellos el asombro y el entusiasmo que yo mismo sentí al conocer por primera vez su música. Mientras llega el día del estreno, me ocupo de que media ciudad sepa quién es y qué cosas es capaz de hacer el señor Bruckner.»

Hay en esta obra pasajes que guardan cierta analogía con la sección central de la Marcia Funebre de la Eroica beethoveniana, o la música con la que Wagner describe la muerte de Sigfrido en su Tetralogía. La Séptima Sinfonía es uno de los logros musicales más descomunales que se conocen en el mundo bruckneriano, tanto por su genial orquestación como por la monumentalidad de sus temas. Pero no solo, sino también en todo el sinfonismo de la historia de la música occidental. La inmensidad de la obra alcanza en el Adagio un momento casi milagroso.

Sinopsis:

Continúen el deleite de escuchar las sinfonías «maduras» de Anton Bruckner en la mano de Daniel Barenboim al frente de la agrupación de la que es titular desde 1992, la excepcional Orquesta Estatal de Berlin. Un viaje que se va acercando a su fin con la interpretación de la séptima sinfonía del maestro de Ansfelden.