La gran violinista presenta la integral de las sonatas «de madurez» para violín y piano en una serie de tres programas monográficos.

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A pesar de su pronta desaparición, cuando contaba tan solo 35 años, el poder creador de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) es probablemente el más destacado en toda la producción musical en la historia de Occidente, al menos en cuanto al ratio años del autor/número de obras compuestas se refiere. A esto hay que sumarle que prácticamente la totalidad de sus obras, incluso las compuestas durante su período infantil o juvenil, muestran un talento y una capacidad compositiva al alcance de muy pocas personalidades en toda la historia de la música.

Las sonatas para violín y piano han sido históricamente consideradas obras «menores» en relación con sus sonatas para piano, aunque al abrigo de los últimos estudios han sido puestas en el lugar que realmente merecen. Pocas producciones como estas resultan tan ejemplificadoras de la evolución creativa de Mozart, pues este género le acompañó durante toda su vida, desde la infancia hasta el final de sus días. Su aporte al género ha resultado absolutamente esencial, pues sus composiciones terminaron por influir de manera directa a la forma, algo que fue heredado por Beethoven y Schubert, quienes a su vez lo transmitieron a otros músicos románticos. En ellas, Mozart logra el equilibrio ideal entre ambas partes, especialmente en las 16 sonatas de «madurez» que aquí se interpretan, compuestas en diez años, entre 1778 y 1888 –se excluyen las KV 402, 403 y 404, de las que únicamente se conservan fragmentos–. Supone quizá la evolución perfecta entre el diálogo barroco de la sonata y la búsqueda de la emoción creadora del romanticismo. El sentido más estricto y esencial de la música de cámara logra su punto culminante, al menos en lo referente a esta combinación instrumental, en esta serie de 16 sonatas de absoluta genialidad.

La Sonata n.º 22 en La mayor, KV 305, quinta de las Sonatas Palatinas, fue compuesta en Mannheim en 1878 y publicada en París en el mismo año. Es especialmente valorada por la brillantez de su movimiento inicial y la gracia de sus seis variaciones sobre un tema expuesto por el piano. La Sonata n.º 20 en Do mayor, KV 303, también de su época en Mannheim, se estructura también en dos movimientos, concluyendo –como solía ser habitual– con un Tempo di Menuetto; lo más característico de ella es su Adagio introductorio, al que sigue un pasional Molto Allegro. La Sonata n. º 28 en Mi bemol mayor, KV 380, regresa al esquema habitual de tres movimientos. Si el Allegro inicial no presenta muchas novedades, el tiempo lento en Sol menor, de gran intensidad cromática, resulta tremendamente profundo y misterioso, para terminar con un Rondó final, que en ritmo casi de caza se vuelve, al momento, obscuro a través de otro breve episodio en Do menor. La Sonata n.º 18 en Sol mayor, KV 301, firmada en Mannheim, carece de tiempo lento. El Allegro inicial, en estructura de sonata bitemática, reparte así los dos temas: uno melódico para el violín y otro más rítmico para el teclado. En el Allegro conclusivo, en forma de rondó, resalta un pasaje en ritmo de siciliana y en modo menor. Por su parte, la Sonata para violín n.º 36 en fa mayor, KV 547, fue completada el 10 de julio de 1788, y recibe con frecuencia el sobrenombre «Para principiantes». A diferencia de las sonatas para violín previas, en las que este instrumento jugaba un papel de igualdad con respecto al piano, esta sonata está dominada por la escritura pianística, y por eso solo la parte de violín es de «fácil» ejecución, mientras que la parte para teclado resulta más compleja de lo esperado. La Sonata n.º 26 en Si bemol mayor, KV 378, fue compuesta en Salzburg en 1779, pero no se publicó hasta dos años después en un grupo de seis que incluye una sonata de la época de Mannheim (KV 296) y las cuatro sonatas vienesas de 1781 (KV 376, 377, 379 y 380). Su movimiento lento en Mi bemol es probablemente el centro de la obra y sin duda su movimiento más expresivo.

Sinopsis:

Pocos autores como Mozart fueron capaces de crear corpus instrumentales tan idiomáticos y brillantes para los diversos instrumentos a solo. A través de esta serie de tres programas dedicados a las 16 sonatas para violín y piano que compuso en su «madurez» pueden comprobar su absoluta genialidad. La interpretación corre a cargo de la gran violinista alemana Anne-Sophie Mutter y el pianista estadounidense Lambert Orkis. Sin duda todo un hito discográfico que le invitamos a descubrir. En el presente recital presentan las sonatas KV 305, 303, 380, 301, 547 y 378.