La joven agrupación orquestal francesa se pone al servicio de dos de los más trascendentales compositores rusos de la historia.

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La música rusa ha supuesto, desde su desarrollo especialmente importante a mediados del siglo XVIII, una fuente inmensa de composiciones de una calidad excepcional, y sobre todo de un estilo único que se ha ido desarrollando al amparo de los diversos sucesos históricos. Así, obtiene su punto álgido de creación durante los siglos XIX y XX, encontrando en algunas figuras un nivel que nada tiene que envidiar al del resto de la producción musical europea. Dos de estos maestros de primer orden mundial son, sin duda, Tchaikovsky y Shostakovich. Cada cual en su parcela y estilo han sabido alzar la voz de la música rusa a lo más alto del panorama mundial.

Dmitry Shostakovich (1906-1975) es uno de los últimos grandes compositores rusos. Es considerado como uno de los más importantes sinfonistas de la mitad del siglo XX, y muchos de sus cuartetos de cuerda, conciertos, obras instrumentales y vocales también están firmemente establecidos en el repertorio. Sus numerosas bandas sonoras de películas, teatro musical, música incidental y ballets son de calidad más variable, pero aun así ayudan a conformar una personalidad poliédrica y realmente brillante. En 1936, la intervención política y de la guerra acortó algunas de sus posibilidades artísticas y especialmente su triunfo operístico. Dicha interferencia continuó arruinando su carrera. En medio de las presiones contradictorias de las exigencias políticas, el sufrimiento masivo de sus compatriotas y sus ideales personales de humanitarismo y servicio público, fue capaz de crear un lenguaje musical de un poder emocional colosal. La música de su período intermedio es a menudo épica en escala y contenido, entendida por muchos de sus compatriotas, y en años más recientes también por los europeos, como crónica de su sociedad y tiempo, siendo capaz de transmitir estados de ánimo y, como algunos argumentan, experiencias e incluso mensajes políticos en sus notas. Desde la aparición en 1979 de sus supuestas memorias, que expresaron una profunda desafección con el régimen soviético, sus obras han sido objeto de un intenso estudio para probar dicha aseveración. Desarrolló un papel decisivo en la vida musical de la antigua Unión Soviética, como profesor y escritor y administrador. También fue un pianista activo, interpretando con frecuencia sus propias obras, al menos hasta que la discapacidad física se lo impidió. De él se interpretan aquí su Sinfonía de Cámara Op. 110a, un arreglo de Rudolf Barshai del Cuarteto de cuerda n.º 8 en Do mayor, Op. 110, que fue compuesto en tres días en julio de 1960. Se completa su figura con dos extractos de su Concierto para piano, trompeta y orquesta de cuerda Op. 35, en Do menor, compuesto en 1933, una de sus grandes obras concertísticas.

Piotr Illich Tchaikovsky (1840-1893) fue el primer compositor de un nuevo tipo de Rusia en materia musical, totalmente profesional, que continuó de manera firme las tradiciones del sinfonismo europeo occidental asimilándolo como propio; que consiguió un estilo profundamente original, personal y nacional que aunó la idea sinfónica de Beethoven y Schumann con el trabajo de Glinka, además de que transformó los logros de Berlioz y Liszt en su música programática en materia de elevación casi shakespeariana por su importancia psicológica. De su inmenso catálogo se interpreta la Serenata para cuerda Op. 48, en Do mayor, una obra compuesta en 1888, cuyo tercer movimiento, Élégie, es uno de los momentos más líricos, evocadores y expresivas de toda su producción.

Sinopsis:

La Orquesta de Cámara Nouvelle Europe, que dirige su fundador, Nicolas Hrauze, ofrece para su disfrute un programa doble dedicado a la más exquisita música instrumental rusa, con el extraordinario binomio formado por Dmitry Shostakovich y Piotr Ilich Tchaikovsky. Les acompañan tres solistas de auténtico lujo: Lise de la Salle, Bruno Fontaine y Johann Nardeau.