La joven orquesta francesa interpreta algunos de los momentos concertísticos para piano más destacados del genio salzburgués.
Poco o nada puede decirse hoy en día acerca de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), el genial compositor austríaco, sin duda uno de los mejores creadores en toda la historia de la humanidad. Su estilo compositivo representa esencialmente la síntesis de muchos elementos diferentes, que se fueron conformando en sus años vieneses, desde 1781 en adelante, en un lenguaje que ahora se considera como un hito del clasicismo vienés. Su música «madura», que se distingue por su belleza melódica, su elegancia formal y su riqueza de la armonía y la textura, está profundamente influida por la ópera italiana, aunque también enraizada en las tradiciones instrumentales de Austria y del sur de Alemania. A diferencia de Haydn, mayor que él en 24 años, y Beethoven, menor que él en 15, se destacó en todos los ámbitos y corrientes de su tiempo. Así, para muchos puede ser considerado como el compositor más universal en la historia de la música occidental.
Dentro de su inmenso y extraordinario corpus compositivo, los conciertos para piano y orquesta representan un total de 27 piezas compuestas entre 1767 y 1791. La estructura de estos conciertos suele conformarse de tres movimientos que siguen el esquema clásico: movimientos extremos rápidos que enmarcan un movimiento central lento. En cuanto a su forma, los primeros movimientos suelen estar compuestos en forma sonata, el segundo movimiento en forma sonata abreviada, mientras que el tercero suele ser un rondo. En sus conciertos para piano, Mozart exhibe una enorme habilidad técnica y un dominio completo de los recursos que ofrece la orquesta, creando un amplio abanico de afectos y emociones en la escritura solística, pero también en el tratamiento de la paleta orquestal. Sus conciertos presentan grosso modo un carácter improvisatorio y realmente virtuosístico, especialmente en los primeros movimientos, donde desarrolla todas las posibilidades técnicas del fortepiano de la época. En la actualidad, se considera que los conciertos para piano de Mozart constituyen la cumbre del concierto clásico y son los más influyentes, quizá junto a los cinco de Beethoven, en la historia del género. Tres de sus conciertos para piano –que incluyen los nos. 20 y 23– se hallan entre las obras más grabadas y conocidas del repertorio clásico.
Los dos conciertos que protagonizan el presente recital se encuentran entre los considerados de su etapa de madurez, compuestos entre 1784 y 1786, que van desde el concierto n.º 14 hasta el n.º 25, lo que da buena muestra de la genialidad y la capacidad creativa del genio de Salzburg. El Concierto para piano y orquesta n.º 20 en Re menor, KV 466, fue compuesto en Viena el 10 de febrero de 1785 y se estrenó en esa misma ciudad al día siguiente. Es posible considerarlo como el más dramático de la producción mozartiana, pues con él desarrolla aspectos musicales y estéticos que posteriormente estarán presentes en su célebre ópera Don Giovanni, por ejemplo. Destaca a su vez por el uso del Re menor, tonalidad lúgubre que utiliza de manera realmente significativa en esta misma ópera o en su enigmático Requiem. A los pocos días después de ser estrenado, su padre, Leopold, visitó Viena y escribió en una carta a la hermana de Mozart, Nannerl, en la que daba buena cuenta del éxito de la obra. El mismísimo Beethoven admiraba este concierto, que solía interpretar durante su juventud, incluso escribió varias cadenzas para el mismo –al igual Johannes Brahms–. El Concierto para piano n.º 23 en La mayor, KV 488, fue concluido el 2 de marzo de 1786, siendo uno de los tres conciertos por subscripción que ofreció esa primavera y probablemente fue interpretado por el propio Mozart. El segundo movimiento, interpretado aquí, es apasionado e incluso lírico, siendo uno de los más célebres de su catálogo.
Sinopsis:
La Orquesta de Cámara Nouvelle Europe, bajo la dirección de Nicolas Krauze, les ofrece una velada de puro deleite, protagonizada por el pianista japonés Kotaro Fukuma, quienes interpretan el Concierto para piano n.º 20 y el hermoso Adagio del Concierto para piano n.º 23, ambas geniales obras del gran autor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart.