El director letón se pone el frente de su actual orquesta para ofrecer un fantástico programa de compositores rusos desde la mítica Odeonsplatz muniquesa.

Pierre


Hay algunos lugares que parecen hechos expresamente, a pesar de no serlo, para la realización de conciertos. La Odeonsplatz es una de las plazas más singulares del Altstadt muniqués. Es un lugar emblemático de la ciudad alemana, que ha sido testigo de algunos eventos singulares en su historia. En 1923 tuvieron lugar aquí sangrientos enfrentamientos tras el «Golpe de Múnich». Acceso septentrional al centro histórico muniqués, sobresale en su centro el monumental «Pórtico de los Mariscales» [Feldherrnhalle]. Esta logia fue concebida por el arquitecto Friedrich von Gärtner a instancias del rey Luis I y construida entre 1841 y 1844. La plaza está rodeada por otros importantes monumentos. A un lado los confines de la Residencia real y el Hofgarten; al otro la iglesia barroca Theatinerkirche. Lugar de encuentro y buena puerta de acceso y salida del centro histórico, el 9 de noviembre de 1923 tuvieron lugar unos sangrientos enfrentamientos frente a la Feldherrnhalle, entre miembros del Partido Nazi y las fuerzas del orden de Baviera. Un día antes, Adolf Hitler y sus seguidores habían intentado perpetrar sin éxito un golpe de estado, el conocido como «Golpe de Múnich» o «de la Cervecería». Durante el Tercer Reich fue el lugar predilecto para los homenajes y desfiles militares.

Este el fantástico lugar elegido para la celebración de este concierto, que bajo el título La noche rusa, presenta un programa íntegramente dedicado a compositores del país transcontinental de los siglos XIX y XX. Se abre con el Capriccio italiano Op. 45 de Piotr Illych Tchaikovsky (1840-1893), quizá el maestro ruso con el que comenzó todo. Del menos conocido Alexander Tchaikovsky (1946), compositor que forjó su nombre en la década de 1970, se interpreta su Sinfonía «jardín», una obra muy poco interpretada fuera de las fronteras de su país. Aleksandr Borodin (1833-1887), coetáneo de Tchaikovsky, está representado por sus célebres Danzas polovtsianas, repletas del exotismo de la ópera rusa del XIX, extraídas de El Príncipie Igor. Nikolay Rimsky-Korsakov (1844-1908), quizá el último gran autor ruso del XIX, está presente por partida doble: por un lado con La batalla de Kerzhenets, extraída de La leyenda de la invisible ciudad de Kitezh y la doncella Fevróniya, ópera en cuatro actos basados en leyendas rusas; por otro lado con su afamado Capricho español Op. 34, enmarcada dentro de la visión exótica y poco cercana a la realidad que los compositores extranjeros tenían de España.

Otro autor contemporáneo es Evgeny Petrov (1972), que destacada también como clarinetista, de quien se interpreta La serenata, una poderosa obra orquestal en arreglo aquí para conjunto de balalaikas y contrabajo solista. De Dmitry Shostakovich (1906-1975), el último gran compositor de la tradición rusa, se interpreta su Obertura festiva Op. 96, una de sus obras quizá menos interpretadas, compuesta para conmemorar el XXXVII aniversario de la Revolución de Octubre. Aram Khachaturian (1903-1978), compositor de origen armenio, gran director y profesor, aparece representada por sendas obras, ejemplo de sus composiciones para ballet: el Adagio de Spartacus, y la famosísima Danza del sable de Gayaneh. Sin duda un concierto de ricas sonoridades, de obra muy descriptivas y evocadoras de la multiculturalidad y la personalidad prismática de un país de la dimensiones y riqueza artístico–cultural de Rusia. Una manera brillante y hermosa de hermanar dos países que durante largo tiempo tuvieron profundas diferencias y que, en pleno siglo XXI, se une de la mejor manera posible, la que solo la música es capaz de provocar.

Sinopsis:

Deléitense con este concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, bajo la batuta de su director titular, Mariss Jansons, quienes ofrecen un extraordinario programa dedicado a maestros rusos, con la colaboración del conjunto de balalaikas The Terem Quartet. Todo ello ofrecido desde un lugar realmente espectacular: la legendaria Odeonsplatz de München.