Un recital ofrecido por una de las mejores orquestas alemanas, junto a un solista y director de lujo, que presentan un programa doble Bartók/Mahler.

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La Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks) fue fundada por Eugen Jochum en 1949. Tiene a Mariss Jansons como director titular hasta 2018. Está considerada como una de las mejores orquestas del mundo y la mejor orquesta de una institución radiofónica del mundo.

Se abre el concierto con el Concierto para violín n.º 2, de Béla Bartók (1881-1945), compuesto entre 1937 y 1938 por el autor húngaro. Creado en un momento en el que la Alemania nazi estaba asolando gran parte de Europa, Bartók temía que Hungría pudiera someterse ante el régimen, con todo el daño cultural que eso conllevaría. Sin embargo, todavía había dos puntos de esperanza en su vida profesional en sus últimos años en su país natal: el apoyo del mecenas suizo y director de orquesta Paul Sacher, que le encargó tres obras de gran formato, así como la solicitud para un concierto por parte del violinista Zoltán Székely. La primera interpretación del que ha llegado a ser considerado como uno de los grandes conciertos para violín del siglo XX tuvo lugar el 24 de abril de 1939, en manos del propio Székely y la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, dirigida por Willem Mengelberg. Es una partitura de escritura compleja, en la que Bartók utiliza elementos populares pero sin el empleo de melodías populares reales. Varios son los recursos compositivos que describen su lenguaje más característico, además de un uso de la atonalidad, el cromatismo, la variación… que nos trasladan a una visión puramente contemporánea.

La segunda gran obra que completa el programa es la Sinfonía n.º 1, intitulada Titan, que fue comenzada por Gustav Mahler (1860-1911) en el año 1884, sin embargo no como una sinfonía, sino como un poema sinfónico de grandes dimensiones y que adquiere el título de Titan por la novela homónima de Jean Paul, a pesar de que no se inspiró en ella para la composición. Utiliza material procedente de su malograda ópera Rübezahl sobre la que trabajó de forma recurrente y casi obsesiva. Terminada en 1888, la primera versión se estrenó en Budapest en 1889, llevando como nombre Symphonische Dichtung in zwei Teilen. En 1983 se reestrena en Hamburg bajo el nombre de Titan, aunque todavía volvería a trabajar sobre ella y finalmente se estrenará en Berlin (1896), ya sin el sobrenombre y en la forma que nos ha llegado finalmente. La sinfonía quedó finalmente estructurada en cuatro movimientos que requieren una plantilla orquestal de dimensiones enormes. Desafía la escritura de su propio lenguaje grandilocuente, ya que apenas utiliza todos los instrumentos de los que dispone salvo en el último movimiento, quedando los restantes con la cuerda y viento madera como principales protagonistas. Obra de transgresora factura, sufrió un estreno complicado y bastante frío por parte del público y la crítica. Al igual que para muchos de sus colegas directores, la obra era vista como una pieza demasiado moderna y transgresora, especialmente por la concepción burlesca de la marcha fúnebre en el tercer movimiento, además de un último movimiento que se alejaba demasiado de los cánones clásicos a los que se estaba acostumbrados. Actualmente se revela como una obra genial que no es comprendida en su momento, quizá porque se adelantada varios años a lo que está por llegar, denotando así la capacidad creadora de Mahler, que sin duda apoya la visión de que es uno de los compositores más trascendentes de finales del XIX.

Sinopsis:

De entre las numerosas orquestas que componen el sistema de radiodifusión alemán, sin duda la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera es una de las más destacadas e históricamente respetadas por su inmensa calidad interpretativa. Sirven aquí a la batuta del joven maestro canadiense Yannick Nézet-Séguin, además de al exquisito violín del intérprete estadounidense Gil Shaham, para interpretar dos obras de las más brillantes en el repertorio de los siglos XIX y XX: la Sinfonía n.º 1, «Titan», de Gustav Mahler, y el Concierto para violín n.º 2, de Béla Bartók.