Una de las cimas operísticas en el catálogo del compositor italiano, en una excelente producción desde el Festival de Salzburg, bajo la dirección de Daniele Gatti.

El gran Enrico Caruso llegó a afirmar en cierta ocasión: «para interpretar Il Trovatore se necesitan los cuatro mejores cantantes del mundo». No parece una cita extremadamente real, aunque en cualquier caso da buena muestra de la complejidad técnica que requiere por parte del elenco protagonista. Se trata de una ópera en cuatro actos sobre texto en italiano de Salvatore Cammarano, que fue estrenada en el Teatro Apollo de Roma el 19 de enero de 1853. La idea de la composición sobre este tema, basado en el libreto en español de El trovador (1836), de Antonio García Gutiérrez, proviene del propio Giuseppe Verdi (1813–1901), quien en una misiva a Cammarano, fechada el 2 de enero de 1850, confiesa lo siguiente: «el tema que me interesa en este momento y que deseo proponerle es El trovador, un drama español de Gutiérrez, se me antoja muy bello, rico en ideas y situaciones fuertes. Quisiera contar con dos papeles femeninos: el principal una gitana, una mujer de un carácter especial; ella le dará el nombre a la ópera. La otra parte será para la segunda cantante. ¡Manos a la obra!» Como se puede comprobar, algunos de los requerimientos del autor no llegaron a cumplirse, todo ello después de que, tras un largo silencio del libretista, Verdi tuviera que insistirle para realizar el trabajo.
En la obra, Verdi parece desnudar los sentimientos más crudos y extremos del hombre, precipitando a los protagonistas permanentemente a sentimientos y actitudes encontrados: amor y odio, violencia y calma, venganza y perdón, vulgaridad y refinamiento… Para algunos es probablemente su gran ópera «romántica», pues en ella predomina un ambiente obscuro, un color grisáceo, plúmbeo, que no se aprecia de tal forma en ninguna de sus óperas restantes. Segunda de sus óperas de esa supuesta trilogía –junto a Rigoletto y La Traviata–, parece la más sencilla y convencional de las tres, al menos en la elección de su temática, argumento y personajes, aunque no es tan simple como puede parecer a priori.
Tras sus reservas iniciales y la insistencia de Verdi, Cammarano accede a escribir el libreto, haciendo realmente un buen trabajo y una notable adaptación de este drama español de complicada historia, del que elimina algunos personajes, además de uno de los actos, y al que añade algún personaje. Sin embargo, al poeta le sorprenderá la muerte en 1852, dejando incompleto el libreto, por lo que Verdi acude a Leone Emanuele Bardare, buen amigo del difunto escritor, para completar la obra, aunque bajo la atenta supervisión del compositor italiano, que influyó de manera profunda en el resultado final.
La ópera se estrenó en 1853, logrando un éxito absolutamente descomunal, de tal manera que pasó inmediatamente a considerarse como una de las cimas de la creación verdiana y uno de los mejores ejemplos en la ópera del siglo XIX. Es una «ópera de cantantes», al menos en el sentido de que la escritura vocal es muy definida y compleja, hasta tal punto que en ella se inician algunas tipologías vocales nuevas, como la soprano lírico–spinto de coloratura para el papel de Leonora. Verdi exprime de manera brillante la técnica, la tesitura, la expresividad, la proyección y el virtuosismo vocal como nadie lo había hecho antes en el siglo. A esto hay que añadir una escritura orquestal realmente refinada, repleta de imaginación y un manejo tímbrico notable, que la convierten en una obra maestra.
Sinopsis:
Les invitamos de nuevo al Festival de Salzburg. Ahora acompañados de Giuseppe Verdi y su magna ópera Il Trovatore, en una poderosa producción encabezada vocalmente por artistas de la talla de Francesco Meli, Anna Netrebko, Plácido Domingo o Marie–Nicole Lemieux. Sustenta las voces la excelsa Orquesta Filarmónica de Viena, todo ellos a las órdenes del maestro italiano Daniele Gatti. Una oportunidad fascinante de conocer una de las mejores creaciones verdianas.