El tradicional concierto de apertura de este fantástico festival de la mano de la Filarmónica de Viena, bajo la dirección del gran maestro francés.

Pierre Boulez es, a todas luces, una de las figuras fundamentales en el desarrollo de la música clásica durante el siglo XX. Compositor y director, músico completo como pocos, sirva este concierto como homenaje a su reciente pérdida el 5 de enero de 2016. Su imaginación resoluta, enorme fuerza de voluntad y una despiadada combatividad artística le aseguraron, en su juventud, una posición primordial en la escena musical parisina de vanguardia. Sus predecesores, en su opinión, no habían sido lo suficientemente radicales con el arte, y en su obra encontramos una sutil combinación del serialismo de la Escuela de Viena con la irregularidad rítmica abierta con anterioridad por Igor Stravinsky y Olivier Messiaen.
Su llamada hacia una modernidad renovada fue ampliamente escuchada y profusamente seguida durante la década de 1950, pero su capacidad se fue debilitó gradualmente a partir de entonces, y en la misma medida su creatividad se desvaneció. Comenzó a ser más activo como director de orquesta, en un primer momento como gran especialista del amplio repertorio del siglo XX, para pasar después, en la década de 1970, a abarcar un repertorio realmente amplio y sin etiquetas. Hacia el final de esa década centró buena parte de su atención al estudio de la música electroacústica en un estudio construido ex profeso para él en Paris, donde esperaba reanudar el esfuerzo e interés por crear un nuevo lenguaje musical sustentado en una base racional. Tras un breve período, sin embargo, dirigir se convirtió de nuevo en su principal medio para expresar su independencia y claridad de visión artística.
En este programa, ya cercano al final de su carrera, Boulez hace casi un resumen de su carrera como director, centrándose primeramente en la creación contemporánea, de la mano de Alban Berg (1885–1935), autor austríaco del que fue gran defensor e intérprete. De él se interpreta la SuiteLulu (1934), extraída de su genial ópera, un magnífico ejemplo de la composición operística puramente dodecafónica. Se completa esta parte con el aria de concierto Der Wein (1929), obra cuyo texto es una traducción al alemán de Stefan George de tres poemas de Las flores del mal [Les fleurs du mal], de Charles Baudelaire. Música realmente transgresora en la que encontramos multitud de referencias y elementos sorpresivos, como referencias al tango, la introducción del saxo alto, sonoridades armónicas cercanas al jazz, uso del recurso del palíndromo musical en su estructura…
La segunda parte, central del concierto, se detiene en la figura de Gustav Mahler (1860–1911), concretamente en su Canción del lamento [Das klagende Lied], cantata compuesta para tres solistas, gran coro mixto y orquesta de enormes dimensiones, que en su momento fue definida como una «gran ópera espectral para los ojos de la mente.» Obra sometida a profundas y numerosas revisiones, se ofrece aquí en su forma final, revisada entre 1889 y 1899, aunque no fue estrenada hasta dos años después, y es la que ha quedado como parte del repertorio de manera permanente, siendo considerada como una obra de sumo interés.
Sinopsis:
Como es habitual, la Orquesta Filarmónica de Viena inaugura la celebración del Festival de Salzburg, uno de los más destacados del panorama internacional. Disfruten de este magnífico concierto en el que, la que es considerada como una de las mejores orquestas del mundo, se pone a las órdenes del gran Pierre Boulez, para acompañar a las voces de Anna Prohaska, Dorothea Röschamann, Anna Larsson y Johan Botha en un suculento recital de música postromántica y contemporánea.