En esta nueva producción del gran coreógrafo francés se invita a disfrutar de una mirada retrospectiva de sus 53 años de carrera.

Maurice Berger, conocido con el seudónimo de Maurice Béjart (1927-2007) fue un bailarín y coreógrafo francés, aunque nacionalizado belga. Será recordado como uno de los grandes coreógrafos europeos del siglo XX, especialmente con su trabajo con el Béjart Ballet Lausanne, que fundó en 1987 y que ha sido el instrumento para engrandecer aún más su obra. Fascinado por un recital de Serge Lifar, decidió dedicarse por entero a la danza. Se formó en el sur de Francia con Mathilde Kschessinska. En 1945 pasó a formar parte del cuerpo de ballet de la Ópera de Marsella. A partir de 1946 sigue su formación con varios maestros: Madame Rousanne (Sarkissian), Léo Staats, Lyubov Yegorova y Olga Preobrajenska. En 1948 continúa su formación con Janine Charrat, Yvette Chauviré y luego con Roland Petit, además de con Vera Volkova en Londres. En 1954, fundó el Ballet de l'Étoile (disuelto en 1957) y en 1960 el Ballet du XXe Siècle en Bruselas (disuelto en 1987). Este mismo año se trasladó a Lausanne donde fundó el Béjart Ballet Lausanne, una de las compañías de danza más famosas y exitosas del mundo.
Contaba con un gran número de seguidores en Europa, sobre todo entre los más jóvenes. Su primera obra de importancia fue Symphonie pour un homme seul (1955), a la que siguió una invitación del Teatro Real de la Moneda de Bruselas para crear un ballet para una compañía permanente, que dio como resultado la coreografía de La consagración de la primavera (1956), quizá su obra maestra. Fue el autor de la coreografía de cerca de 200 ballets, la mayoría de ellos para su propia compañía. Apasionado de las culturas orientales, tiende a realizar un «teatro total» en sus obras, en las que se combinan los gestos majestuosos, el diseño sensacionalista y, a veces, hasta partes habladas. Tuvo numerosos detractores, quienes solían atacar su gusto por los argumentos filosóficos exagerados y su utilización «caballeresca» de la música. Colaboró con grandes estrellas de la danza, como Rudolf Nuréyev, Maia Plisiétskaia, Paolo Bortoluzzi, Michaël Denard, Patrice Bart, Jorge Donn y Suzanne Farrell entre otros. Entre sus obras principales hay una versión completamente revisada de El Cascanueces, probablemente inspirado en su propia historia de vida, que puso en escena en 2000. Sigue utilizando partitura original de Tchaikovsky, pero desecha por completo la trama y los personajes originales. En 2003, ganó el Premio «Benois de la Danse» por su trayectoria. Como pedagogo destaca una carrera de importancia, en la que ha fundado escuelas de danza importantes en todo el mundo: Mudra School (Bruselas, 1970–1988); Mudra Afrique School (Dakar, 1977–1985); y Rudra School (Lausanne, 1992–actualidad).
En La vuelta al mundo en 80 minutos, el coreógrafo quería llevar la idea del viaje de Jules Verne, pero sobreponiendo a esta su propia experiencia de trotamundos, sus recuerdos de un hombre de mundo, fascinado por la cultura de muchos países visitados. Se trata de su última creación, de 2007, cuando estaba ya gravemente enfermo, por lo que no poder completar la coreografía de cuatro de los dieciséis canciones que componen este viaje, encargó a Gil Roman, su ayudante, la tarea de completar la misma.
Utiliza de manera excepcional a sus 35 bailarines para conseguir una obra que es sin duda una mirada retrospectiva a 53 años de carrera en los escenarios de todo el mundo, intentando descifrar las costumbres y la historia de los pueblos. La introducción es una música tradicional de Senegal, con gran presencia de la percusión, para pasar posteriormente a evocar otros países y regiones como la India, China y los Andes. Pocos coreógrafos han viajado tanto como Béjart, lo que facilita sobremanera la construcción de este ballet. Sus continuos viajes le han mantenido siempre en el punto justo donde parece sentirse mejor: la encrucijada de civilizaciones.
Sinopsis:
Una velada de ballet de primer orden, de la mano de Maurice Béjart, uno de los grandes coreógrafos franceses del pasado siglo, quien de la mano de su Béjart Ballet Lausanne presenta una mirada hacia más de medio siglo de carrera, un viaje por todo el mundo en un acercamiento hacia Jules Verne, pero con una presencia muy personal de su visión del mundo a través de 35 bailarines y una amalgama de músicas que no les dejarán indiferentes.